Don McLean escribió este cancion en 1971 después de leer un libro acerca de la vida del artista. El año siguiente, la canción se convirtió en el #1 golpeado en el Reino Unido y el #12 en los E.E.U.U. Por varios años, el el Van Gogh Museum de Amsterdam sonaba a diario la canción.

Una copia de la partitura del tema esta en el museo junto con lso pinceles de Van Gogh, el sombrero que él usó mientras que pintaba Noche Estrallada.

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La canción demuestra claramente una profunda admiración por el trabajo de Van Gogh como asi tambien por supersona. La canción incluye referencias a sus obras, en líneas tales como “esbozo de los árboles y los narcisos” y “campos de la mañana de grano ámbar” - que describen el trigo de color ámbar que figura en varios cuadros. También hay varias líneas que puede aludir a sus autoretratos: tal vez en “degradado rostros curtidos en el dolor / se tranquilizan por debajo de la mano amorosa del artista”, McLean sugiere que Van Gogh pudo haber encontrado algún tipo de consuelo en la creación de suys propios retratos. Hay, también, una sola línea que describe el mas famoso cuadro de Van Gogh, Girasoles. “llameante flores brillantes” no sólo se basa en los colores naranja y amarillo luminoso de la pintura, sino que también crea imágenes de gran alcance del mismo sol, ardiente y brillante, está contenida dentro de las flores y la pintura. 

En los dos primeros coros, McLean rinde homenaje a Van Gogh con una reflexión sobre su falta de reconocimiento: “No se escucha / no sé cómo / tal vez le escuche ahora”. En el verso final, McLean dice que “no se escucha / No estás escuchando todavía / Tal vez nunca lo harán.” Esta es la historia de Van Gogh: no reconocido como un artista hasta después de su muerte. Las letras indican que Van Gogh estaba tratando de “establecer [la gente] libre” con el mensaje en su trabajo. McLean considera que este mensaje era claro para él: “Y ahora comprendo lo que trató de decirme”, canta. Quizás sea esta eventual entendimiento que inspiró McLean para escribir la canción. También se cree que la canción tiene la intención de retratar la relación difícil de Van Gogh con su familia. Eran una familia adinerada que no lo aceptaba por su esquizofrenia y nunca entendió su voluntad de ayudar a los pobres. Se cree que Van Gogh sentía que su propia muerte muerte haría entender a sus padres. Esto se ve en la línea “Tal vez se le escuche ahora”. Muchos creen que la canción es un emotivo tributo a Van Gogh, en el respeto de las dificultades que enfrentó en lo que respecta a su enfermedad mental y su admirable forma de buen carácter. 

También hay referencias a la cordura de Van Gogh y su suicidio. A lo largo de su vida, Van Gogh fue azotado con trastornos mentales, especialmente depresión. El “sufrido por su cordura” y finalmente “sequito vida, como los amantes a menudo lo hacen.” En teoría, la palabra “amante” pone en McLean, vio cómo el contexto de la relación de Van Gogh con su arte - una relación de amor. Este amor fue lo suficientemente fuerte para Van Gogh a perseverar en su arte, incluso sin la aceptación de sus contemporáneos: “Para que no podía amar, pero aún así tu amor era verdadero.”

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Estrellada, estrellada noche,

Pinta tu paleta azul y gris
Escrutando un día de verano
con ojos que conocen la oscuridad que hay en mi alma.

Sombras en las colinas,
Esbozo de los árboles y los narcisos,
Plasmas el helado viento con los colores del nevado suelo de lino.

Y ahora puedo entender lo que trataste de decirme, 
Como sufriste por tu cordura, 
Como trataste de liberarlos.

No te oyeron, no supieron cómo.
Tal vez oyerán ahora.

Estrellada, estrellada noche,
Llameantes flores que brillan y se iluminan
Nubes espiraladas con un haz violeta se reflejan en los claros ojos azulados de Vincent.

Colores cambiando de matiz,
Campos matutinos de granos dorados,
Rostros ensombrecidos por el sol, arrugados de dolor,
Son suavizados por la amorosa mano del artista.

Y ahora puedo entender lo que trataste de decirme, 
Como sufriste por tu cordura, 
Como trataste de liberarlos.

No te oyeron, no supieron cómo.
Tal vez oyerán ahora.

Aunque no podían amarte, tú los amabas sinceramente.
Y cuando no quedó esperanza en esa estrellada, estrellada noche,
Te quitaste la vida, tal como los amantes suelen hacerlo;
Pero pude haberte dicho, Vincent, que este mundo nunca fue hecho para alguien tan hermoso como tú.

Estrellada, estrellada noche,
Cuadros colgados en pasillos vacíos,
Cabezas sin cuerpo en muros sin nombres,
Con ojos que miran el mundo y no pueden olvidar.

Como el extraño que has conocido,
El harapiento hombre en harapientas ropas,
La espina de plata de la sangrienta rosa
Yace aplastada y rota en la pulcra nieve.

Y ahora creo que sé lo que trataste de decirme,
Cómo sufriste por tu cordura, 
Cómo trataste de liberarlos.

No te oyeron ni lo hacen ahora, 
Tal vez nunca lo hagan.




No existirá representante del arte actual que logre, con su obra, inspirar canción como esta. Me permito afirmar que no podrá ser Pollock, no será Rothko, ni Mondrian, estimo que no llegara Kupka, ni Kandinsky; quizás  logremos que se reconozca Klint (Hilma Af Klint).

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DE ALGO ESTOY SEGURA, LOS MAS POBRES SON LOS MAS RICOS DE CORAZÓN 

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arteyescritos:

Lo Que Mis Ojos Han Visto (2007) (por Trazo Autodidacta)

Lucie, joven estudiante de historia del arte, lleva a cabo una investigación sobre los cuadros del pintor Watteau. Ella está convencida de que ciertos cuadros esconden un sentido que todavía no ha sido revelado. Su encuentro con el enigmático Vincent, mudo de nacimiento, va a transformar sus búsquedas y sumergirla en el fondo de una intriga que empezó hace ya dos siglos. 

Ce que mes yeux ont vu - Le mystère Watteau (What My Eyes Have Seen) (The Vanishing Point)http://www.filmaffinity.com/es/film17… yhttp://www.imdb.com/title/tt0847487/

Lo Que Mis Ojos Han Visto (2007) (por Trazo Autodidacta)

Lucie, joven estudiante de historia del arte, lleva a cabo una investigación sobre los cuadros del pintor Watteau. Ella está convencida de que ciertos cuadros esconden un sentido que todavía no ha sido revelado. Su encuentro con el enigmático Vincent, mudo de nacimiento, va a transformar sus búsquedas y sumergirla en el fondo de una intriga que empezó hace ya dos siglos. 

Ce que mes yeux ont vu - Le mystère Watteau (What My Eyes Have Seen) (The Vanishing Point)http://www.filmaffinity.com/es/film17… yhttp://www.imdb.com/title/tt0847487/

à côté de la silhouette - Eleni Karaindrou - Ulysses’ Gaze (por Atıl Bilge Örüm)

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Nahui Olin, desdicha y esplendor
María del Carmen Mondragón Valseca (también conocida como Nahui Olin) (8 de julio de 1893 - 23 de enero de 1978) fue una pintora y poetisa mexicana que nació en laCiudad de México, hija del general Manuel Mondragón, en el seno de una familia acaudalada del Porfiriato, a finales del siglo XIX. Todos sus contemporáneos describieron su hipnótica y erótica belleza, la cual puede ser fácilmente constatada por las muchas fotografías que de ella existen.
 

Nahui Olin, aún siendo niña, fue enviada por sus padres a cursar la educación básica en ParísFrancia, en un internado donde también aprendería sobre diversas artes, como la danza clásica, la pintura, la literatura y el teatro. Ese viaje le dio la oportunidad de desarrollar sus dos grandes pasiones artísticas: la pintura y la poesía. Sólo una mujer cuyos ojos fueran a la vez sol e infierno, puerta de la provocación y del escándalo, podía llegar a llamarse así; una niña de diez años con alcances para escribir: “No he vencido con libertad la vida, teniendo derecho a gustar de los placeres, estando destinada a ser vendida como los esclavos, a un marido”.

Desde pequeña se caracterizó por tener un carácter firme e impulsivo. Al pasar la adolescencia regresó a la Ciudad de México y se enamoró de un joven cadete, llamadoManuel Rodríguez Lozano. A los veinte años, ávida por conocer otros aspectos de la vida, decidió establecerse en pareja y contraer matrimonio; sobrevino la lucha revolucionaria y ambos decidieron partir a Europa. Se instalaron primero en París, donde establecieron vínculos con algunos de los personajes más importantes de la escena artística de entonces, entre los que se contaban Pablo Picasso y Diego Rivera.

La relación de pareja comenzó a deteriorarse hasta el punto que, después de ocho años de matrimonio, Carmen decidió regresar sola a su país. En 1921, ya de regreso en México, Mondragón se sumerge en la vida artística del país, desayuna con José Vasconcelos y cena con Xavier Villaurrutia, donde platican del “Ulises”, el teatro que habían fundado Antonieta Rivas MercadoSalvador Novo y el mismo Villaurrutia. También posó para Diego Rivera. Poco tiempo después inició una intensa y tormentosa relación, cuando conoció en una exposición pictórica al destacado artista plásticoGerardo Murillo, quien era conocido como Doctor Atl. Su talento la cautivó de tal modo que decidió visitarlo en su casa; así fue como muy pronto iniciaron una relación amorosa que se mantuvo por casi cinco años y de la que sobreviven más de doscientas cartas escritas por ella y varias obras que la retratan firmadas por él. Es en ese momento de su vida donde Carmen asume el nombre deNahui Olin, palabras que recuerdan la fecha que en el calendario azteca era consagrada a la renovación de los ciclos del cosmos.

Nahui Olin compartía largas veladas bohemias junto a Dolores del RíoGuadalupe MarínAntonieta Rivas MercadoMaría Tereza MontoyaFrida KahloTina ModottiLupe Vélez y María Izquierdo, José Vasconcelos Calderón, Diego Rivera, José Clemente OrozcoDavid Alfaro Siqueiros.

Mondragón formó parte de ese grupo de talentosas mujeres que durante las décadas de 1920 y 1930 produjeron uno de los períodos más activos y fascinantes de la cultura y el arte en México.

Si bien varias de sus pinturas y poemas no carecen de talento, Carmen Mondragón debe su celebridad más a su biografía que a sus trabajos. Fue una mujer que siempre gozó y exaltó su sexualidad. En Hollywood posó desnuda para el fotógrafo Edward Weston, en lo que es quizás la mejor serie de retratos del estadounidense.

A los cuarenta años conoció a Eugenio Agacino, quien era capitán de un barco. Mondragón y Agacino formaron una espléndida pareja, según testimonios de la época. Y, luego de tener y abandonar a varios amantes, se retiró de la vida pública.

Después de una época de paz, sobreviene una nueva tragedia en su vida, Agacino muere en el mar. Esto fue un golpe del cual Carmen jamás se recuperaría. Se retira de la vida pública: para 1934, luego de la muerte de su último amor, Eugenio Agacino, Nahui optó por la soledad que, al mismo tiempo, le permitió consagrarse por completo a la escritura y dedicar sólo un poco de tiempo a la pintura.

En los últimos años de su vida vivió, con sus gatos, en la casa de la calle General Cano en Tacubaya que heredara de sus padres, desempeñándose como maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una beca que, mes con mes, le dabaBellas Artes. Andaba por la calle vestida con harapos, y decía que era la dueña del Sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso. Se convirtió en un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán, y dormía abrazada a ella.

Muy enferma, pidió a sus sobrinas que la trasladasen a la recámara donde nació, y el 23 de enero de 1978, Nahui Olin cerraría para siempre sus bellos y enormes ojos verdes.

En su obra, literaria y pictórica, la sexualidad aparece casi como obsesión, lo mismo que la adoración a sí misma y el disfrute de sus amores. Sola y rodeada de gatos. Hacia el final de su vida, su lucidez se deterioró.

Al igual que con Frida Kahlo y Pita Amor, en México existe un reciente y renovado interés por su vida y su obra.

Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México. En el cuartel “Y” fosa 503, junto con su hermano y su sobrina.

Si la Ciudad de México pudiera simbolizarse en una mujer la elegida sería Carmen Mondragón (Nahui Olin, 1893-1978). Carmen Mondragón en la casa de los espejos que multiplican sus imágenes al infinito, en los extremos del inmenso placer y el supremo dolor, en la contradicción insalvable entre la belleza sin límites y la fealdad esperpéntica, en el contraste entre lo más público y lo más misterioso, la intimidad secreta que ya nadie descifrará.


Hace veinte años, a partir de su redescubrimiento por Tomás Zurián, pareció que Nahui Olin tendría la vida perdurable del mito al mismo nivel de Frida Kahlo, Antonieta Rivas Mercado o Tina Modotti. Los elementos estaban allí y sin embargo nada de esto ocurrió. Un misterio más entre los muchos que rodean a esta fascinante mujer, quizá más trágica aun que sus contemporáneas. A ellas está ligada por varios vínculos: fue la única modelo a la que Diego Rivera pintó a lo largo de treinta años, la amiga de Tina retratada varias veces por Edward Weston, la esposa de Manuel Rodríguez Lozano, el gran amor de Antonieta, aun en mayor medida tal vez que José Vasconcelos.



No le faltó la consagración literaria: Gentes profanas en el convento (1950), la única y extraña novela del Dr. Atl, es un canto de amor a quien él mismo bautizó como Nahui Olin. Un canto que a diferencia de otros monólogos eróticos da la palabra a la protagonista, la deja hablar a través de cartas que, si no son inventadas por Gerardo Murillo, representan lo mejor de su extravagante obra literaria.

Las nupcias y los crímenes

Patricia Rosas Lopátegui, quien ha hecho todo por la obra y la memoria de Elena Garro, acaba de publicar en las ediciones de la Universidad Autónoma de Nuevo León un volumen (nunca mejor empleada la palabra) de 657 páginas, tan inmanejable como indispensable: Nahui Olin sin principio ni fin: Vida, obra y varia invención.

Reúne todos sus libros, un gran número de ensayos, artículos, comentarios, notas de prensa y unas cuantas imágenes, muy pocas si se comparan con las que aparecen en Una mujer de los tiempos modernos (1992), el ya inconseguible libro-catálogo de Zurián, y en La mujer del sol de Adriana Malvido. ¿Dónde estarán los desnudos que le dibujó Jan Charlot? Y es imposible no echar de menos la foto nupcial: la muchacha de veinte años con el cadete adolescente que iba a ser el pintor Manuel Rodríguez Lozano (1895-1971), el auténtico Beltenebros capaz de convertir en sufrimiento y muerte las vidas que cruzaron por su camino.




La boda en sí es un enigma. Se casan, se supone, por voluntad del general Manuel Mondragón. Pero tiene lugar en agosto de 1913, dos meses después de que el usurpador Victoriano Huerta ha enviado al exilio a su cómplice y fugaz ministro de Guerra. Como para que no entendamos nada de nada, la madrina es doña Sara P. de Madero, ¿a los seis meses del asesinato de su esposo y la vivisección de su cuñado?
Mondragón y, como es natural su hija, insisten: él no tuvo nada que ver. Sin embargo, el gran artillero inició en Tacubaya el cuartelazo, empleó su ciencia y sus cañones en destruir durante nueve días la ciudad porfiriana y estaba en la Ciudadela mientras le sacaban los ojos y castraban a Gustavo Madero. Los crímenes de la “decena trágica” no prescriben ni se perdonan. Son para nuestra historia lo que el colaboracionismo pronazi para los franceses. Quizá la sangre de febrero haya caído sobre Carmen Mondragón. Ella, por supuesto, no tiene culpa alguna. Tal vez así se expliquen las desgracias de su existencia y su hasta hoy relativa oscuridad.



Otro misterio atroz: el bebé muerto. ¿Lo asfixió en la cuna su madre, lo estrelló su padre contra el suelo? O bien ¿todo es la más infame de las muchas calumnias contra una mujer que se atrevió a desafiar como nadie lo había hecho las furias combinadas de la hipocresía mexicana, la envidia por su belleza incontrastable y nuestra pura y simple maldad humana?

Los amantes en el convento

Para iniciar los años veinte mexicanos, el imperio de la juventud y el talento, la era de la revolución estética y sexual, la orgía perpetua y la danza que gira sobre los cadáveres acumulados por la primera Guerra y la lucha armada que no terminó aquí hasta 1929, Carmen Mondragón y Gerardo Murillo se unen en el fuego de una pasión que no es lugar común llamar volcánica si se trata de un hombre que consagró gran parte de su vida y su pintura a los volcanes.

(Un paréntesis: se dice que el gran poeta argentino Leopoldo Lugones le dio en París el nombre a medias nahua. Con todo, en el Diario de Gamboa aparece ya como Dr. Atl muchos años antes del encuentro con Lugones.)
Se adueñan del convento de La Merced, devastada joya entre muladares. Tan intensos como los actos sexuales son los pleitos y las escenas. Nahui es en boca de Atl el amor de su vida y al mismo tiempo mon dragon, “mi dragón”.


La niña inteligente y sensitiva que había sido Carmen se convierte bajo el estímulo de Atl en pintora y escritora. Sus poemas delirantes rompen con todo, constituyen verdadera antipoesía y deben formar parte del vanguardismo mexicano. P. R. Lopátegui pone ahora a nuestra disposición lo que nadie había visto en casi un siglo. Al mismo tiempo, otro enigma, Nahui Olin insiste en estudiar taquigrafía y mecanografía como cualquier muchacha pobre de la época.

Elogio de la desnudez

Metafórica o literalmente, Nahui Olin está siempre desnuda. Con la efímera gloria de su cuerpo va por el mundo, posa para Rivera y para el fotógrafo Garduño. Se atreve a montar la primera exposición hecha aquí en que reta a todos con esa desnudez que en las fotos la voracidad del tiempo no ha marchitado.



Tiene amores con uno y otro hombre sucesiva o simultánemente.

Por fin encuentra la estabilidad en Eugenio Agacino, un capitán de la Compañía Trasatlántica Española. Se aman apasionadamente en el barco, en La Habana, en Nueva York. El hechizo dura un año. En la navidad de 1934 Agacino sufre la menos poética de las muertes: intoxicación por mariscos. Nahui se queda esperándolo en el muelle de Veracruz. Allí la ve Germán Lizst Arzubide: deshecha, demente, sucia, sin un centavo, caída para ya no levantarse jamás.


En el fondo del pozo

 El descenso al infierno es una espiral sin sosiego que dura cuarenta años. En todas las mitologías la joven y deseable hechicera al hundirse en el naufragio de la vejez se transforma en la bruja a quien los niños apedrean y todos rehuyen. Por fortuna, no hay una sola imagen de la Nahui de esos años interminables. El espectro que espanta en la Alameda y dilapida su salario miserable en dar de comer a los gatos errantes, la señora más que obesa y ataviada con elegantes harapos. Y “en el fondo del pozo /los dos ojos”, como en Piedra de sol. Los imborrables ojos verdes de Nahui Olin.


Todos los que pasaban su día y su noche en la Avenida Juárez que se llevó el terremoto huían al verla. Sólo Homero Aridjis la dejó acercarse y pudo entrar en su casa. Algún día escribirá esas “Variaciones sobre Nahui Olin” que prometió en aquel momento.
Más aterrador era ver que Rodríguez Lozano se acercaba a la mesa del café en busca de halagos y reconocimientos. Como nadie se los daba su venganza era pendejear a todos: “¿Diego? Es un pendejo. ¿Orozco? Es un pendejo. ¿Tamayo? Es un pendejo.” Decía Monsiváis: “México es cruel. Así vamos a terminar también nosotros.”




La sombra de los amores

Todo concluye y no se acaba. En el velorio del Dr. Atl en Bellas Artes apareció de pronto la espectral Nahui Olin. Ya en estos años su único lujo y su último placer era cenar de vez en cuando en el Casino Español. Murió en la miseria, en la locura, en el dolor y en el olvido. Pero ha regresado, joven de nuevo, otra vez desafiante. Al terminarse la restauración el convento de La Merced, el más hermoso claustro de nuestra arquitectura colonial, será el cenotafio en que cada noche se unirán para siempre las sombras de los amantes.
algunas pinturas estilo Naif de Nahui


Nahui y Agacino entre palmeras (1934)


Nahui y Agacino en Cuba
Nahui Olin y Agacino frente al mar
Nahui y el hombre del clavel
Nahui y Lizardo en Acapulco
Nahui y Matías Santoyo
Hombre joven y Nahui en penumbre
Apoteosis del General Mondragón
Flamboyán
Caserio frente al mar
Bajo los floripondias

Dulces recuerdos de mi casa
Bautizo
En el panteón
Nahui en una corrida de toros
Gato en el jardín florido
Menelik
Gato
Roerich
Gatos
Mi perrita
Autorretrato en el puerto de Veracruz
autorretrato
Autorretrato en los jardines de Versalles
detalle de autorretrato
autorretrato
Nahui y Agacino bailando en la proa del barco Habana, en Nueva York
Nahui y Agacino frente a la isla de Manhattan
autoretrato
En la obra de Diego Rivera


Teatro Insurgentes



 
como la musa de la poesía erótica
mural Día de Muertos
Palacio Nacional
La Creación. (1922)

Documental sobre la vida de Carmen Mondragón (Nahui Ollin), hecho en 1995 en la UDLA-Puebla por Javier Méndez y Ana Franca Álvarez para la clase de Video


















Fuentes: 

http://www.proceso.com.mx/?p=301399
http://es.wikipedia.org/wiki/Carmen_Mondrag%C3%B3n
http://www.myspace.com/verdaderanahuiolin
http://comoeneltianguis.com.mx/2011/07/22/para-calzarme-nahui-olin